El primer ejercicio de la oposición consiste en un cuestionario escrito y eliminatorio de cien preguntas con cuatro opciones de respuesta, a completar en un tiempo máximo de dos horas y cuarenta y cinco minutos.
El examen abarca diez preguntas de Derecho Constitucional, cuarenta de Derecho Civil, treinta de Derecho Penal y veinte de Derecho Procesal, divididas equitativamente entre el ámbito civil y el penal.
Para su calificación, que se realiza sobre un máximo de cien puntos, cada acierto suma un punto y cada fallo descuenta 0,33 puntos, sin que las respuestas en blanco tengan penalización alguna.
No te detengas: tienes unos 99 segundos por pregunta. Si una duda te bloquea, salta a la siguiente. En una primera vuelta al test, rellena solamente las que sabes con total seguridad. No te preocupes si dejas muchas sin rellenar, todavía hay tiempo por delante.
Después, la segunda vuelta. Ve solamente a las que te quedan por responder, y dedícales un tiempo a cada una. En esta ocasión, ve rellenando todas aquellas en las que dudes entre dos respuestas. Basándonos en la estadística, siempre interesa arriesgar si dudas entre dos opciones, como veremos ahora.
Cuando termines la segunda vuelta, cuenta rápidamente las preguntas que has respondido. Es importante para afrontar la tercera vuelta y las siguientes, según lo que explicaremos a continuación.
Cuidado con la hoja de respuestas: Reserva los últimos 15 minutos para pasar las cruces a limpio. Un error de desplazamiento es fatal.
Riesgo controlado: cada error resta 0,33 puntos, pero las blancas no penalizan. Busca el 1, leyendo con detenimiento la pregunta, para no cometer errores: ¡cada acierto suma 1 punto.!
Regla de oro: si puedes descartar con seguridad dos de las cuatro opciones (de modo que dudas entre dos respuestas), siempre te compensa arriesgar. Imagínate que haces esto con 10 preguntas. Al ser un 50% de probabilidades, acertarás 5 (que te sumarán 5 puntos) y fallarás 5 (que te restarán 0,33 x 5, es decir, 1,65); por tanto, si dejas en blanco esas 10 preguntas en las que dudas entre dos respuestas, obtienes 0 puntos, pero si te lanzas, por estadística, sumarás a tu nota 3,35 puntos (el resultado de restar 1,65 a 5) .
Siguiente nivel: si solamente puedes descartar una de las 4 respuestas (de modo que dudas entre las otras tres). Esto supone un 33% de posibilidades de acertar, así que de cada tres preguntas en que lo hagas, acertarás una, y fallarás 2. Si te pasa esto en 10 preguntas, acertarás 3 o 4 (así que sumarás unos 3,5 puntos) y fallarás 6 o 7 (lo que te restará unos 2,14 puntos); por tanto, si dejas en blanco esas 10 preguntas en las que dudas entre tres respuestas, obtienes 0 puntos, pero si te lanzas, sumarás a tu nota 1,36 puntos (el resultado de restar 1,36 a 3,5); no es mucho, pero es mejor que 0.
¿Y si no puedes descartar ninguna respuesta? Esas preguntas en las que nada sabes... La verdad es que, incluso en ese caso, vale la pena dedicarle un tiempo al final. Puede ser que descartes alguna respuesta (por ser contradictoria, o por la redacción, o por lo que sea, y en tal caso, ya hemos visto que te compensa arriesgar). Pero si, tras dedicarle un tiempo, sigues sin poder descartar ninguna, tienes que saber que, incluso en ese caso, la estadística está de tu parte. Se dice siempre que no hay que arriesgar demasiado, y es cierto. Pero 0,33 de penalización, no es tanto. Es más, si cogieras el examen entero y, con los ojos cerrados, te inventaras las respuestas de las 100 preguntas, la estadística nos dice que acertarías 25 preguntas (que te darían 25 puntos) y fallarías 75 (que te restaría 24,75); es decir, que incluso inventándote el examen completo, el resultado sería ligeramente mejor que si lo dejaras en blanco, pues el resultado quedaría un poco por encima del 0.
Esto no supone que haya que contestar las 100 preguntas obligatoriamente, pues una cosa es la teoría de los grandes números, y otra es un examen con 100 preguntas (podría ser que tuvieras mala suerte, y no acertaras una de cada cuatro). Eso sí, tienes que valorar cuántas preguntas te quedan en blanco, y si son demasiadas y llevas varios años de oposición, es conveniente arriesgar más, pues la intuición también está de tu parte, y has desarrollado un olfato jurídico que, aunque no lo creas, hace que ese "arriesgar" no sea tan a ciegas.
Civil es el rey: son 40 preguntas. Asegurar este bloque es tener medio examen en el bolsillo.
Penal y Procesal: suman 50 preguntas entre ambos. Son temas muy técnicos donde no se puede fallar en los plazos.
Constitucional: son solo 10 preguntas, pero suelen ser las más literales. ¡Asegura estos puntos!
Lee la pregunta completa: a veces el "no" está escondido al final.
Cuidado con los "siempre" y "nunca": en Derecho, las excepciones son la norma.
Simulacros reales: entrena en casa con cronómetro y sin ruidos. El día del examen, la presión ambiental cuenta.
¿Y si entras en pánico al principio? No pasa nada, deja pasar unos minutos sin leer nada, mirando al fondo de la sala o al techo; poco a poco, te irá viniendo la paz. El examen dura mucho, no pasa nada por dedicar unos minutos a recuperar la paz.
¿Y... cómo preparar el test?
No hay que perder el norte. El test es muy difícil aprobarlo el primer año, pero si se estudian con literalidad los temas, cuando se llevan ya unas vueltas, se hace mucho más fácil aprobarlo.
No vale la pena hacer miles de test. Por muchos que hagas, el aprobado dependerá de que, llegado el día, te sepas bien la teoría. Eso sí, hacer unos cuantos test es necesario para ver cómo preguntan, y qué habilidad tienes a la hora de "arriesgar". Pero, pero como decíamos, el único truco real para aprobar el test es saberse muy bien los temas.
Por ello, es aconsejable ir haciendo algunos test durante el año, pero dedicando la mayor parte del tiempo a estudiar mucho y cantar bien los temas, pues el cante ante el tribunal es la parte más dura de esta oposición. Si esto se hace bien, bastará con detener ese "estudio normal y cantes" un par de semanas antes del test (puede ser más tiempo si te da tranquilidad, o menos si no lo necesitas), para hacer una lectura intensa de todo, que será la clave para llevarlo fresco.
Es habitual que, cada año, haya alguna pregunta que no aparecía en los temarios más utilizados por los opositores. Hay quien dedica horas y horas a estudiar leyes especiales, o artículos de fuera del temario, para tratar de abarcar las 100 preguntas. Sin embargo, no parece la mejor opción. Estudiar materias fuera del temario que el alumno sigue supone una gran dedicación, muchas horas invertidas; y el riesgo de que caiga alguna pregunta que se desconocía totalmente, siempre estará ahí.
En resumen, es mejor dedicarse todo el año a estudiar con la mayor perfección posible los temas, haciendo de vez en cuando algún test; y solamente una o dos semanas antes del examen, dejar de cantar, y dedicarse a leer en profundidad el temario. Pero nada más. Es mejor renunciar a sacar un 10 en el test, y asegurar responder bien a las preguntas que sí están en tu temario. Si haces esto, es cierto que puede haber 3 preguntas que te suenen a chino. Pero irás con mucha más seguridad y tiempo invertido a las otras 97, que son más que suficientes para pasar el corte holgadamente. Eso es lo bueno, aquí nadie te exige un 10.